lunes, 28 de mayo de 2012

VIRGILIO PIÑERA Y LEZAMA LIMA.

Lezama Lima y Virgilio Piñera
          


            




                                                   


EL HECHIZADO
A Lezama, en su muerte.


Por un plazo que ya no puedo señalar
me llevas la ventaja de tu muerte:
lo mismo que en la vida, fue tu suerte
llegar primero. Yo, en segundo lugar.


Estaba escrito. ¿Dónde? En esa mar
encrespada y terrible que es la vida.
A ti primero te cerró la herida:
mortal combate del ser y del estar.


Es tu inmortalidad haber matado
a ese que te hacía respirar
para que el otro respire eternamente.


Lo hiciste con el arma Paradiso.
-Golpe maestro, jaque mate al hado-.
Ahora respira en paz. Vive tu hechizo.


                                       9 de agosto de 1976.

jueves, 17 de mayo de 2012

JUAN YUFRA: BIEN JUGADO PEDRO GRANADOS.

BIEN JUGADO / “POEMAS EN HUCHA” DE PEDRO GRANADOS


Por Juan Yufra

La mirada suele ser una gran esperanza para nuestras palabras; también, lo es la palabra misma y lo son a la vez, ambas, como contenedores de la realidad que queremos dominar o huchearabuchear…, al fin y al cabo toda lucha es humana y toda poesía siempre el cuerpo del delito.

Poemas en hucha, de Pedro Granados (Lima, 1955), no solo contiene la voz iconoclasta que recorre las páginas de la mejor poesía y el quebrantamiento de las fórmulas para rehacerla sino la libertad de la naturaleza creadora del texto (en un espejo). Hay que entenderlo como un guiño dentro de los espacios y discursos posmodernos. ¿Qué es el papel, un poema, un libro sin la entraña o las contemplaciones de una ideología, de una postura frente a las cosas nombradas por el Otro (Sociedad, conocimiento)? El libro como pieza de orfebrería sostiene otros elementos, y aquí el lenguaje es materia prima, instancia y horizonte del demiurgo, contrariedad y salvación. Esa conciencia sinuosa para muchos es peligrosa, pero ¿quién no aborda los riesgos en poesía? y pretensiosa en otros casos pues convierte al poeta en un cuadriculado más de la hoja inventada. Prefiero destacar la máscara, el objeto nuevo y consciente que nos regala la cadencia y la brevedad de las imágenes. Una denuncia de las sensaciones y un recuerdo cotidiano de la modernidad en su elucubración como texto. En otros casos la poesía es.

“Sobre el cemento fresco” (p.13), “Yo también he recibido” (p. 45) “Tocar todas las cuerdas” (p. 89) arriesgan en contener la beligerancia de una emoción confrontada con la realidad y los estereotipos de la convención occidental (amor, muerte, soledad, fraternidad), pues alteran el discurso y el destino de la vida como un recipiente en qué reflejarnos todos. Esa voz infidente de la poesía que proyecta el lado oscuro de su existencia están intactas y desoladoras en muchas páginas; Granados sabe y defiende, apuesta y escribe desde la forma más lograda de la poesía.

Granados, Pedro: Poemas en hucha
Paracaídas editores, 2012. Lima, Perú.

lunes, 14 de mayo de 2012

DARWIN BEDOYA Y EL DISCURSO DEL VERANO INCULTO.

Por Darwin Bedoya

Luego de la primera aparición de Mate de cedrón (1974, Cascahuesos editores y Grupo Editorial Hijos de la lluvia reeditan esta obra en 2009). Ahora aparece una nueva reedición de un libro que si su difusión hubiera sido la necesaria, estaríamos hablando de un clásico de la poesía peruana, me refiero a Del verano inculto (2011, 2da. edición realizada por Cascahuesos editores y Laguna brechtiana; la primera data de 1980), estamos ante un poemario infrecuente, en el que el sujeto lírico ha encontrado toda certeza poética y en el que la palabra afronta un doble desafío: de un lado, desbrozar el reverso de una realidad objetual, en pos de la vida oculta que en las cosas se dedica a alentar la escritura; de otro, enlazar la experiencia de la vida con los espacios del sueño y, más allá, con un inconsciente no siempre accesible o razonable desde la lógica convencional debido a ese lenguaje casi lezamiano con una carga de significación que tal vez tenga su origen en una tradición de cultura, en una tradición hispánica, manuelina, borrominesca, berniniana y gongorina, como decía Sarduy. Pero volviendo a esa doble apuesta que conduce a Vladimir Herrera a intentar establecer un equilibrio entre ambos territorios, el de desbrozar el reverso de una realidad objetual y el de enlazar la experiencia de la vida con los espacios del sueño como si fuera imprescindible la noticia de lo real, notamos la constatación de una existencia comprobable, para rasgar la piel de la incertidumbre, la fragmentaria realidad otra que lo aparente oculta y que sólo vive en el poema. Aunque pareciera que la metáfora en Del verano inculto no es un mero ornamento del lenguaje, ni siquiera una modalidad expresiva, un desvío de la norma lingüística o una sustitución, sino un instrumento de conocimiento que conduce a la poesía.

Entonces, lo interesante de estos poemas es la brecha que generan con su idea de la imagen y de su grado considerable de hermtismo, pues intentan estructurar fragmentos de la historia como segmento discursivo poetizable, descartando así la lógica de sucesión a favor de lo que se podría denominar el incondicionado poético, tal como se puede leer en estos dos poemas que integran la primera parte del libro:


RITMO HESICÁSTICO:

Ojos de la galana sola en una frase común con olivos
Son mar espeso con alejandrinos y espuma litoral irisado
Con naranjos enanos transportados en oda y rosas
Son mar que hace las veces de mar en trote de olas albergando
El animal de la quimera y su testuz de finísima práctica

Luz de isla o Cola de Juno
Caracterizan lejanía en el entendimiento, cobran de sí
Devotas voluptuosas gobernándose
Y lunarios influidos
Fijos en la lectura errante

Y género epiceno el de dos astros cuando queda entre ambos
Dos un indicio aspa o sospecha de agua soleada y servil con
Aura de viajes señalada en mucho brazo desnudo y vertida
En ensueño menor de hermana respirando siempre en lo herboso
Mi tema
Eternizando el mar espeso con sosegar de velas y resaca.
(p. 17)


DEL VERANO INCULTO

Mañana extremada muerte demora ala de sombra
En ojos de Rubén huido
Sangre estrepitosa en retórico rosal oscuro
Demora acicalado bardo con gato de carbón y radio
Vacía madre en el labio de luz de la glorieta
Abuela del tiempo reposa su Imposibilísima Forma
Montaña medieval también erótica y sofisticada
Ajena de instruido mar en alazanes de mirada sola
La pericia es la del ser que a la del ser amado teme
Rubén huele irisada playa de tinturas en el lecho
Mientras fuga de la trenza por agujas
A delicias concubinas de la guerra
De la jocosa estrella que ha girado y se retoca
En lo que vuela derruido hacia el aroma
De corazón en feble corazón ignorado
De sombrero en sombrero azul para saeta
Melena de viejísimas horas
A la vanidad de lo sensible devueltas
Máximas horas de Rubén en celo Sombrero y Viento
Bajo sol del Verano Inculto
Nieve de Europa interpreta el Paquidermo
Aucells porque Europa es el mundo
Rimero de finísimas letras escamadas
Mozart como la muerte de los bañistas al pie de la ventana
Ojos de revocados mares y laminadas lágrimas de risa

Ya entonces Poesía era oscura como nada
(p. 20-21)


Así, el libro está escrito en un verso que goza en la convivencia con la oscuridad y pareciera que lleva, en determinados versos, al sujeto poemático, a desarrollar un lenguaje próximo al surrealismo. Y es que precisamente su condición hermética y la de sus puntos gramático/pictórico hacen que estos artefactos poéticos/pictóricos se tornen en individualidades indivisibles dentro del libro.

Todo esto se conjuga con las polivalencias del sentido que el verso puede dar. Vladimir Herrera ha escrito un libro de enorme interés no desprovisto de riesgos. Sin embargo, los ha afrontado con solvencia y equilibrio. Quizá porque sabe que transitar el camino de la poesía no solo implica atravesar el territorio de complejidad existencial y verbal, pero, sobre todo, sabe del riesgo principal que esta opción que ha elegido se llama hermetismo. Sin embargo, Herrera ha sabido sortear las huellas recorridas por Darío, por Lezama, por Kamenszain y, a veces, por ciertos pasos de Lamborghini, con la sutil diferencia de que todo lo ha hecho con inteligencia y acierto.

* Tomado del blog de Darwin Bedoya.

jueves, 10 de mayo de 2012

TABUCCHI INSPIRA NUEVAMENTE.


En Babilonia


por Mauricio electorat
Hay cosas que le entristecen a uno el mes. Aunque sin llegar al dramatismo del famoso verso de Vallejo: "hay golpes en la vida/tan fuertes/yo no sé...", por ejemplo, enterarse un domingo por la mañana de que Antonio Tabucchi ha muerto es una triste manera de abordar abril, no se me dirá lo contrario (a menos que Tabucchi hubiese tenido más que detractores, gente desalmada que pudiese alegrarse de su muerte, cosa que no creo en lo más mínimo, pues ese Tabucchi hubiese sido más bien un personaje de Buñuel, que estaba convencido de que la jerarquía de un hombre se medía en función de la importancia de sus enemigos, pero Tabucchi más que de Buñuel, tenía algo de Pessoa, era como él, un perplejo y melancólico poeta de los puertos del sur de Europa). Enfín, digo esto porque la muerte de Tabucchi me hace pensar que hay escritores que no deberían morir, no tan pronto, al menos. Hay escritores para los cuales nuestra prodigiosa sociedad hipertecnológica debería destinar bancos con vísceras de recambio: hígados, pulmones, cerebro, corazón, de manera que pudieran acompañarnos unos añitos más (si ese fuese su deseo, claro). Imagínese si hubiésemos podido otorgarle a Cervantes veinte años más, salvar a Garcilaso de la Vega de esa pedrada que lo mató mientras escalaba una torre enemiga en Fréjus, librar a Balzac de la gangrena y a Stendhal de la apoplejía que lo derrumbó en el boulevard des Italiens (no podía morir en otra calle, claro).

Es que cuando muere un gran escritor uno se siente más solo. Más confrontado a eso que algunos llaman la "hiperrealidad". O sea, a la civilización de la simultaneidad y la ligereza, el dinero que todo lo llena y todo lo vacía, la banalización de la política y del arte, la "espectacularización" de todas aquellas dimensiones de lo humano que otrora daban "sentido" a la vida. Aunque uno no estuviera de acuerdo con ese o esos "sentidos" —Dios, Marx, el Partido o "los partidos", la familia, el valor del arte y las ideas—, era una matriz cultural que hoy día tiende a volar en mil esquirlas: hay fragmentos de todo en todas partes y, en especial, en las pantallas, sin las cuales nuestro mundo ya no sería Mundo: redes sociales, internet, mensajes de texto, balbuceos, silabeos... Pero pasan cosas extrañas en este mundo hipermoderno. Por ejemplo, leo en un blog español una noticia inquietante: una red de “escort girls” de Madrid se estaría negando a prestar sus servicios a banqueros en protesta por su conducta en la crisis económica que sacude a España. La curiosa “huelga” de estas meretrices de lujo estaría liderada por una tal Lucía que, cansada de escuchar las “proezas” financieras de uno de sus clientes, que le contaba cómo se enriquecía pidiendo préstamos millonarios al Banco Central Europeo al 1% de interés e invirtiéndolos en deuda pública y productos derivados, con rentabilidades de entre el 6 y el 7%, con lo cual se embolsaba la diferencia y ganaba millones de euros, le dijo que no lo “atendería” más mientras no cumpliera de verdad con el rol social que ha de tener un banquero en un país devastado por la crisis. El tipo volvió días más tarde dispuesto a probar que había concedido un crédito a un pequeño empresario para comprar una camioneta repartidora. Pero el ejemplo de Lucía, al parecer, prendió y muchas de sus colegas han acabado por negar sus servicios a esos banqueros que se echan al bolsillo fortunas con un par de “clics”, mientras, afuera, el mundo se derrumba. Si esto es cierto, estamos ante un ejemplo elocuente de nuestra crisis de civilización: en un mundo en que el cuerpo es una mercadería más y en que el dinero, como decía Lacan, es el significante que anula todos los demás significantes, la mezcla de sexo, dinero y poder constituye uno de los verdaderos motores del cambio. Y si nuestra salvación depende, más que de políticos, filósofos o economistas, de las prostitutas ¿no será que seguimos en Babilonia? Y en un mundo así, ¿qué le cabe hacer al escritor? ¿cuál es el estatuto de la palabra y de la poesía? Pienso en Tabucchi, en su gusto por los seres marginales y extraños, y pienso que esa Lucía podría ser uno de sus personajes.
M.E. 


martes, 8 de mayo de 2012

ALEGRÍA DEL HOMBRE TRISTE. CARLOS "COCO" MENESES.


ALEGRIA DEL HOMBRE TRISTE


 Nadie es totalmente alegre ni completamente triste. Los dos estados de ánimo se reúnen en una misma persona aunque uno de ellos destaque por encima del otro. Las proporciones de ese mestizaje son las que suelen determinar que a una persona se le considere más triste que jovial o al revés. La poesía y la narrativa de César Vallejo, alcanzaron una considerable altura a partir de 1923 cuando abandonó su país, el Perú, y fue a residir a París donde falleció en 1938. La impronta sobre todo de sus poemas siempre se ha considerado de tono desesperanzado. Sin que eso signifique desmedro para una obra de tan elevada categoría. 


   Escribir con lágrimas en vez de tinta no es un capricho es a lo que obliga un país desbastado, hambriento, con profundas desigualdades sociales, raciales y económicas como lo es el Perú. Eso tampoco niega la posibilidad de tener poetas festivos, de  mostrar buen humor y mencionar aspectos jocosos. Nadie puede dudar que la poesía de Vallejo, también la prosa y el teatro,  reflejan la realidad de un país cautivo en manos de la minoría que sucedió a la vigencia del colonialismo instaurado desde el descubrimiento de América por Colón.


    Han pasado los años, más de cien desde el nacimiento del poeta de Santiago de Chuco (1892) ligeramente menos de un siglo desde la publicación de su primer libro “Los Heraldos negros” (1918), Tres cuartos de siglo de la muerte en París (1938) de ese hombre que sabía lo que era (y tristemente aun es) el sufrimiento de su pueblo y su voz no calla. No es sólo la lóbrega visión de esas enormes diferencias citadas, la precisa observación del dolor de quienes durante quinientos años han padecido el rigor de los amos, es  la belleza herida de su verso. Un verso que capta ayes, injusticias, que penetra en el motivo de la lágrima pero que no traiciona la poesía.  En el alma de los poemas vallejianos está el retrato de la aflicción de la inmensa mayoría de peruanos, como la sencillez de la bondad del autor. 


   Las biografías totales y los atisbos biográficos que se han publicado por centenares contienen anécdotas cuajadas de humor de Vallejo. No el humor negro que sí lo tenía y lo practicaba. El humor sencillo que muchos le han negado al poeta peruano, encerrándolo en una caja de pesimismo, angustia, dolor. Pasó por todas esas situaciones pero también supo lo que hay en la otra orilla, la optimista o alegre. Un libro que tuvo escasa circulación titulado: “Vallejo en la encrucijada del drama peruano” de Ernesto More, que contiene una veintena de entrevistas a personas que conocieron al poeta en París y que cuentan anécdotas tristes y alegres sobre él. La aflicción de Vallejo por la desgracia del pueblo peruano no le impidió sus “recreos” en bares, sus largos viajes dentro de Europa y las seducciones de muchachas francesas con las que compartió su vida.


   Creer que si la poesía realizada por un poeta o por centenares de ellos brota impregnada de dolor impulsa a un país hacia la desgracia, como se ha llegado a decir en Lima de toda la obra de Vallejo, más que tildar de error ese concepto habría que señalarlo de necio. La poesía no cambia el destino de ningún país, más bien recoge la imagen del país, del habitante de ese país. Muestra al ser humano hundido en su desgarrada vida. O enseña – como logra Vallejo genialmente -, las dimensiones de ese dolor y las circunstancias nefastas que lo convocan. No querer o no poder ver los mensajes de nuestro gran poeta es propio de una enorme ceguera.


    Cuando Vallejo en su poema “Espergesia” dice : 
                                           “ Yo nací un día
                                               Que dios estuvo enfermo”


     
 No está dando una opinión como la de un político, un profesor o como un analista de una sociedad cualquiera. Está dando a conocer la profundidad de su pena y la desgracia de haber nacido sin el apoyo de Dios al que considera como el gran amparo con el que debería contar todo  ser humano. Justamente lo que Vallejo siente que se le ha hurtado a él y otros sí  han alcanzado. Pero él es el ejemplo, la muestra, que nos está diciendo nací en la orfandad. Vivo huérfano de ayuda. Esta es mi desgracia, esta es la vida. Aún alcanza sonidos más tétricos, no con el ánimo de causar pesar en el mundo. El mundo es como es al margen de lo que él pueda decir. El no es el creador de un planeta injusto, es la voz que expresa las terribles desgracias  de la vida. Su obra  poética o narrativa no es un museo de pesimismo. El poeta se ha encontrado con ese museo y lo describe con su voz herida.
La tristeza de Vallejo no es un capricho. Es una consecuencia.  En su narrativa  se pueden encontrar más que llantos denuncias. Es la palabra señalando como un dedo gigantesco esas diferencias infamantes que abruman a un país. El hombre que con arte y valentía arremete contra quienes  recelan y llegan al desprecio absoluto de quienes pertenecen a otra clase social, son de otra raza y, por supuesto, de  escasas o casi nulas posibilidades económicas. En el cuento titulado:”Paco Yunque”, está concentrada la visión que el narrador tiene de la sierra peruana. Cómo ese desprecio por el indio se va heredando de generación en generación. El hacendado lo fomenta en sus descendientes y estos lo demuestran, lo convierten en patética realidad contra el representante de esa clase maltratada que es el niño que lleva el nombre del cuento y que va al único colegio de la zona, donde se reúne con esos niños privilegiados.
 Esos hijos de hacendados son los que le cierran el paso a Paco Yunque. Vallejo no inventa, no destila pesimismo como se le ha querido achacar (y si destilara pesimismo y lo hace con arte, bienvenido sea) pone su don de la escritura al servicio de un pueblo. Paquito representa el triste mundo andino. Vallejo lo rodea de muchachos que lo menosprecian, que obstruyen su discurrir por el colegio y, lo más grave, impiden que pueda alcanzar el mismo nivel cultural que ellos. Unas pocas páginas bastan al gran poeta de Santiago de Chuco, para mostrar todo ese conjunto de adversidades que sufre Paquito, y que es en realidad el sufrimiento que soporta toda una raza.


     Aunque ha habido muchos intentos de reunir toda la obra de Vallejo bajo un mismo título aunque sí en varios tomos, siempre después una publicación de ese estilo aparece un poema no tomado en cuenta, un relato, un artículo periodístico que se había extraviado. De donde se determina que la obra total es casi imposible de reunir. Vallejo hallándose en Europa escribió sin descanso. Practicó periodismo como sustancial colaborador de las más importantes revistas peruanas de aquellos años. Publicó un extenso reportaje sobre la Unión Soviética en 1931. Y En España su novela “Tungsteno” fue un grito a favor de los obreros de las minas, fue muy aplaudida y se mantuvo como uno de los títulos más importantes de 1930. 


   El verso de Vallejo impacta, emociona, obliga a reflexionar. Eso tal vez es lo que algunos, muy pocos en realidad, rechazan o creen puerilmente que es perjudicial. Lo que defienden no es que contaminen de pesimismo una región o un país, lo que molesta es que el poeta pida igualdad, que todos tengan los mismos derechos, que desaparezca la 
perjudicial idea de que unos son superiores a otros. Muchos han visto y siguen viendo lo mismo que vio Vallejo, pero no todos han podido manifestarlo como lo ha hecho él, lanzar una solicitud para lograr un trato digno para quienes sufren duramente las consecuencias de la mala distribución de la economía.


   Su continuo lamentarse, como un herido de muerte por la indiferencia humana, se encuentra en muchos de sus libros y especialmente en los de poesía. Por ejemplo en “La cena miserable” cuando dice:


                      




                         “Hasta cuando estaremos esperando lo que
                             no se nos debe……Y en qué recodo estiraremos
                             para siempre nuestras pobre rodilla!”.




    Quien que haya leído a Vallejo, su poesía, su narrativa, su teatro e incluso sus artículos periodísticos, y que haya comprendido que es portador de un dolor inconmensurable, el dolor de todo un pueblo en el que él está incluido.  Puede hablar de contagio de pesimismo a los demás. Ese contagio no existe, lo que estaba vivo en su época, y lo está también ahora es la injusticia, la falta de solidaridad con un pueblo tantas veces traicionado, tanto tiempo humillado.




Carlos Meneses
 Palma de Mallorca
Abril  2012

domingo, 6 de mayo de 2012

GUMUCIO, AMIGO, EL PUEBLO ESTÁ CONTIGO.

Compromiso
Por Rafael Gumucio.
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Günter Grass acaba de provocar un escándalo mundial publicando en varios de los diarios del mundo un poema sobre el potencial peligro de las armas nucleares israelíes. El poema no me parece demasiado inspirado ni demasiado justo aunque la reacción destemplada no sólo de las autoridades israelíes sino de gran parte de la opinología mundial parece darle finalmente sentido. Las opiniones ahí vertidas no son nuevas ni originales, ni siquiera en la culposa y culpable Alemania. Lo es sí que se expresen en un poema que justamente habla de la dificultad, del miedo, del riesgo de decir "lo que hay que decir" (como se llama el poema) ciertas cosas cuando se es alemán, escritor y veterano de la SS.
Lo que indignó a tanta gente en el poema de Grass no es quizás tanto lo que dice sino la forma en que lo dice, la poesía misma, que escogió para dudar en público, un ejercicio particularmente riesgoso, particularmente prohibido hoy en día, donde se deben expresar en el diario certezas cambiantes y verdades seguras con cifras y datos para más remate. ¿Será ésta la razón por la que la mayor parte de los diarios del mundo han ido borrando de sus páginas editoriales a los poetas y los narradores, la afición que éstos tienen de preguntarse "que hay que decir" que no se puede decir para decirlo ellos?
No pocos sienten alergia ante la figura del escritor comprometido, el que se siente con la obligación de opinar sobre la marcha del mundo en general. La poesía está para ellos fuera del mundo, libre de él. Olvidan que no opinar es también una opinión. La literatura literaria de los años noventa era tan didáctica como la literatura revolucionaria de los sesenta. Uno decía que el mercado estaba mal hecho porque no se parecía al pueblo, la otra que el individuo estaba mal porque no se parecía al mercado. Ni Borges ni Nabokov ni mucho menos Kafka o Proust se liberaron de las preocupaciones de su tiempo. Su literatura fue en cada caso y de manera distinta manifiesto, panfleto y defensa ante distintos tribunales reales o imaginarios.
¿Tiene un escritor que hablar por su país, su región, su gente, su clase, su tribu? Cuando la realidad se desmadra, ¿tiene la literatura que desmadrarse también? Es lo que se han empezado a preguntar, en interesantes polémicas, no pocos jóvenes escritores y críticos mexicanos. Cansados de las ansias internacionales del Crack y otros McOndo, mareados de metaliteratura, ¿no es nuestro deber escribir sobre los sicarios de la droga, los sindicalistas corruptos, las mujeres asesinadas en los descampados del odio? ¿No es un crimen seguir internándose en la vida sin sentido de solteros sin ataduras que se drogan escuchando música de moda sin saber si irse con una beca a Pittsburg u Osaka?
La duda, por razonable que sea, es quizás un coqueto atajo al mismo error: la visión de la literatura como otro continente que hay que preservar o ensuciar, como si no estuviera desde siempre sucio y aparte, aquí mismo y en otro lugar. Tijuana puede quedar tan lejos de Tijuana como Viena. Puede resultar tanto más simple y menos comprometedor investigar un cartel de la droga o hablar de tus problemas digestivos que preguntarse cómo Sealtiel Alatriste, un supuesto plagiario con poco talento incluso en este ultimo arte, llegó a ocupar casi todos los sitiales de poder y prestigio del panteón literario mexicano. La picaresca de los agentes literarios, la mendicidad del periodismo cultural, pero también la soledad o no de los que tratan de decir o no, el esplendor y la miseria de los cortesanos, en México pero también en Argentina, Chile, Perú y para no hablar de la madre patria, una verdadera pionera y maestra en esto de los premios previamente pactados, de los escritores que no escriben, de los críticos que no critican.
La literatura misma donde se gana tan poco, donde se juega sin embargo tanto, puede explicar por qué la corrupción es entre nosotros -los que hablamos en español- no sólo una peste sino también un placer, porque la impureza es nuestra fuerza y nuestra condena. Contar eso requiere un tipo de valor, un tipo de astucia, del que somos apenas capaces. Es cierto, el escritor no debe tener más compromiso que con su arte. ¿Pero qué es su arte más que una serie infinita de compromisos entre lo que ve y lo que sabe, entre lo que quiero decir y lo que puedo decir, entre lo que creo y que mis personajes creen? El escritor no puede a la hora de los tiros o de los tomates levantar su pasaporte de artista y pasar inmune por ninguna refriega. Los que conozco suelen, al revés, quedarse parados en medio del barullo más de lo que es sano, razonable, decente, incluso quedarse. Ese quizás es uno de los compromisos ineludibles del escritor: quedarse cuando los otros se van.

miércoles, 2 de mayo de 2012

CIUDAD DE TERTULIAS. Desde el siglo XIX Barcelona ha cultivado el placer de debatir sobre las letras. Una pasión que no decae.

Barcelona ha sido, ya desde el siglo XIX, ciudad de tertulias. Los amantes -y practicantes- de las letras siempre han tenido tendencia a encontrarse, para hablar no sólo de literatura sino de cualquier otra cuestión que merezca su interés, ya sea el cine o el fútbol. En los últimos años, la actividad de las tertulias no ha decaído y la pasión por el intercambio de pareceres literarios se ha visto además incrementada por la proliferación de los clubes de lectura. Los amantes de las letras se citan, como antaño, en los bares, pero ahora lo hacen también en las bibliotecas y en los foros y blogs de internet

EL INVIERNO DEL DIBUJANTE
Las imágenes de estas páginas dedicadas a las tertulias pertenecen a la obra 'El invierno del dibujante', de Paco Roca (Valencia, 1969). En este premiado cómic (entre otros, premio al mejor guión y mejor obra española del Salón del Cómic de Barcelona), publicado por editorial Astiberri, Roca recrea la vida de los dibujantes de historietas en los años de la España franquista y, entre otros muchos detalles, se puede ver las habituales reuniones de los autores en algún bar, una costumbre común, entonces y ahora, de dibujantes y escritores
Son las cinco y cuarto de una tarde de viernes y Juan Gallardo, alias Curtis Garland, alias Donald Curtis, alias Frank Logan, entre otros alias repartidos en las portadas de dos mil novelas, dice que mañana es la misa por el cuarto aniversario de la muerte de su esposa y que, por tanto, pronto hará cuatro años que existe esta tertulia. Estamos en el Bar Leonés del Paral·lel, en Barcelona. Hace poco que se reúnen aquí: la sede tradicional era El Rincón del Artista, pero tras una discusión con los camareros decidieron no volver. En la mesa se encuentran el editor Gabriel Bravo, el bloguero Juan Carlos Alquézar y los escritores Javier Pérez Andújar, Robert Juan-Cantavella y Juan Gallardo, quien preside la tertulia. Dos invitados acuden hoy por primera vez: el cineasta Francesc Bellmunt y el ensayista Xavier Theros, que han venido a enseñarles escenas de un documental en que trabajan sobre la Sexta Flota en Barcelona y a hablar de aquella época. La de una ciudad desaparecida, que se hundió junto con una mitología popular de cabarets, actores secundarios, poetas malditos y bolsilibros. Curtis Garland nos enseña su última novela, La máscara y la muerte. "Siempre nos trae libros nuevos -me cuenta Robert-, este es la continuación de Las oscuras nostalgias, protagonizada por el mismo detective, donde aparece en portada una foto de Tere, porque a ella le encantaba esa novela, pero no la vio publicada en vida".

En el desaparecido café Delicias, de la Rambla, Moratín instauró a principios del siglo XIX una tertulia literaria que duró lo que sus estancias en la Ciudad Condal. Andersen escribió en la segunda mitad del siglo sobre las conversaciones de la comunidad diplomática en la chocolatería de la Ópera, cercana a su Hotel Oriente. Las tertulias y recitales de Els Quatre Gats contaron con interlocutores como Isidre Nonell, Ramon Casas o Pablo Picasso. La Penya dels Vells del Ateneu Barcelonés estaba formada por figuras del peso de Domènech i Montaner o Àngel Guimerà; la Penya Gran por otras como Santiago Rusiñol, Josep Maria de Sagarra, Carles Riba, Joan Crexells o Josep Pla. Y en su Jardín Romántico los autores locales se encontraron con Unamuno, Baroja, Lorca o Dalí. No hay más que dejarse llevar por la sonoridad de los nombres de algunos extintos bares y cafés barceloneses para recorrer la República y el franquismo: La Luna, El Oro del Rhin, el Navarro, el Términus. En algunos de ellos animó tertulias literarias José María Gironella, que le hace decir a un personaje de Los cipreses no creen en Dios: "Soy un hombre de tertulias".

También José María Carandell fue alma máter de muchas en aquellos años turbulentos, como me recuerda Pedro Zarraluki: "¡Ah!, sería imperdonable no hablar de las que montaba Carandell, yo iba de joven, teníamos que ir cambiando de café, porque cuando nos localizaban los fachas amenazaban con poner una bomba; allí conocí a Marsé, a José Agustín Goytisolo, a un montón de grandes escritores; y luego, después de hablar mucho de literatura, acabábamos tomando copas en Bocaccio". La década de los setenta está atravesada por esa fricción entre escritura y política. Los encuentros en el Velòdrom de Josep Miquel Servià, Vicenç Altaió, Rosa Novell y Miquel de Palol, entre otros, estuvieron marcados tanto por los libros como por el nacionalismo y la ideología. Y por el alcohol, el combustible junto con el café de las tertulias literarias: "A finales de los setenta, y como resultado de un desorden de borrachos, la tertulia se trasladó al Bauma, y entró en un periodo letárgico y acabó teniendo una muerte natural", recuerda Palol. En los años ochenta y noventa, el bar del cine Astoria acogió a Cristina Fernández Cubas, Carlos Trías, Enrique Vila-Matas y Vladimir Herrera, quienes contaron con invitados de excepción, como José Bianco, editor de la revista Sur y amigo de Borges. Y, como recuerda Javier Cercas en El vientre de la ballena, en aquellos años Alberto Blecua invitaba a sus alumnos a asistir a las reuniones del Oxford.

Esa es la historia oficial. O al menos parte de una historia oficial posible. Porque es imposible trazar el mapa completo de las tertulias barcelonesas. Había otros encuentros de carácter artístico, menos conocidos, muchos de ellos protagonizados por mujeres, que tenían lugar en casas privadas. Particularmente importantes, en los años veinte, son los patrocinados por Carme Karr o Narcisa Freixas, frecuentados por Francesca Bonnemaison, que fueron espacios de introducción del feminismo en Catalunya. En el prólogo a Pombo, el libro en el que la editorial Visor reunió en 1999 todos los textos que Gómez de la Serna dedicó al célebre café madrileño, Andrés Trapiello lo deja claro: las tertulias "eran cosa de hombres, por lo mismo que los salones eran cosa de mujeres (por esas mismas fechas funcionaba la de la Pardo Bazán, la de Colombine o la de dos o tres aristócratas literatas), a las que no se veía del todo bien que entraran en según qué cafés y a qué horas". También las redacciones de las revistas, desde la de L'Avenç en la Ronda Universitat a finales del siglo XIX, hasta la de Lateral en el paseo Sant Joan durante nuestro propio cambio de siglo, pasando por las de Destino o Ajoblanco, fueron sedes permanentes de tertulias literarias. De hecho, aunque a veces se constituyan como tales, la mayoría son informales, tienen lugar en cualquier sitio donde se dé cita un grupo de lectores. No hace falta que sea el Bar Glaciar o Casa Leopoldo. Puede ser, sin ir más lejos, el Bar Leonés.

Las tertulias siguen dos vías de composición: la reafirmación de la amistad y la generación de nuevas amistades. Junto al congelador de los helados se suceden los cafés, las aguas, las cañas, algún carajillo, una copa de vino rosado. Empezaron a reunirse "para hablar sobre actores y cine, porque Alquézar es un erudito en la materia, no tienes más que leer su blog Lady Filstrup -me cuenta Pérez Andújar, que viene siempre andando desde el Clot, poco más de una hora de caminata-, y Gallardo, que fue guionista, los conocía a todos". El hecho que dos libros suyos, La noche de América agonizante y Yo, Curtis Garland, fueran publicados por Bravo en su editorial Morsa; y que Robert lo entrevistara para Quimera y lo invitara a escribir un capítulo de Asesino Cósmico, una novela que homenajea la literatura popular española de los años 50, 60 y 70, completó el círculo.

Francisco Caudet, alias Frank Caudett, ha sido en varias ocasiones el invitado estrella, pero cada vez le cuesta más acudir desde l'Hospitalet, por problemas de salud. Juan Gallardo tiene ochenta y dos años, una gorra donde se lee "Madrid" y una sonrisa en plano fijo: "Casi todos los de la vieja Bruguera han muerto, como Escobar, el creador de Carpanta y de Zipi y Zape, que además tuvo alzheimer y olvidó toda aquella época". La editorial impedía de todos los modos posibles que los autores se conocieran entre ellos, para evitar que se organizaran en contra de sus abusos en materia de sueldo y de derechos de autor, de modo que "no teníamos tertulia, por supuesto". Pero eso no significa que, con los años, no formaran su propia comunidad del anillo: Francisco González Ledesma, alias Silver Kane, Antonio Vera, alias Lou Carrigan, Luis García Lecha, alias Clark Carrados, y Caudet y Gallardo.

Quien mejor ha retratado aquella época ha sido Paco Roca en su cómic El invierno del dibujante. Pero se centra en el mundo de los tebeos y no en su universo paralelo: el de las novelas de bolsillo. Para explorar esa dimensión desconocida hay que acudir a Sonrisa de nieve, el blog que el guionista barcelonés Raule le ha dedicado al abuelo materno que no llegó a conocer: Manuel Arsís Solbes, alias M. de Silva. El blog es sobre todo una pequeña enciclopedia de cultura popular, una biografía fragmentaria y un álbum de fotos de familia y de portadas escaneadas; pero también actúa como una tertulia: con comentarios de protagonistas y de lectores y con invitados. Uno de los post documenta la visita de Rafael Barberán y de Àngels Gimeno, alias Ralph Barby, a Las Comidas Frikis, la tertulia que lidera Raule en el restaurante Eucaliptus del Raval barcelonés.

El encuentro nació a principios del 2000, cuando el dibujante Roger Ibáñez, el guionista Albert García y Raúl Anisa, alias Raule, se reunieron en "un Bocatta de la calle Santa Anna, para ver qué podíamos hacer con nuestras ideas y con nuestros esbozos, pero se fue corriendo la voz y fuimos creciendo, llegaron también músicos y estudiantes de letras, pero sobre todo éramos gente del mundo del cómic". Después se trasladaron a otros lugares, como el Viena, el Sitges o el Petit Xaica. Llevan ya tres años en el Eucaliptus, donde se congregan entre otros Josep Maria Martín Saurí, "un mito viviente, un prodigio, sobre todo conocido por sus dibujos de Odiseo", Jordi Ojeda, gran divulgador del cómic español y profesor de la UPC, y muchos de los autores de las historias que se reunieron en Barcelona, un volumen colectivo que publicó Norma el año pasado, fruto de la tertulia y símbolo de su pintoresco espíritu: "Catalanes, gallegos, muchos italianos, Las Comidas Frikis se han convertido en un punto de encuentro de referencia, hay invitados y habituales con quienes después coincidimos en festivales españoles y europeos, incluso hemos tenido descendencia: las Comicomidas de Madrid son hijas de las nuestras".

El coleccionismo siempre se ha entreverado con la conversación erudita sobre los tesoros conseguidos. Por eso tal vez sean dos los núcleos alrededor de los cuales más tertulias han proliferado en las últimas décadas: el Mercat de Sant Antoni y la librería Gilgamesh (en cuyas inmediaciones de Arc de Triomf fueron apareciendo, por el efecto llamada, otras tiendas de cómic y coleccionismo). En este polo hace ya cuatro años que desapareció la tertulia del Bar Mariona, que se fue convirtiendo, bajo la dirección de Pau Martínez y Àlex Vidal, en un club de lectura de literatura fantástica de la Biblioteca Jaume Fuster, que lo aloja desde hace ya seis años. Ese movimiento, de la tertulia informal al club de lectura institucionalizado, se ha dado de forma masiva durante los últimos quince años. Signo de los tiempos.

El primer club de lectura de la red de bibliotecas de Barcelona nació en la Bonnemaison en 1997. En la actualidad son setenta y cinco los clubes en marcha, en treinta y siete bibliotecas y con unos mil doscientos participantes. Hay que sumarles los de los centros cívicos, los de los centros culturales y los de los museos, hasta concebir una red de espacios de debate menos romántica que la de las tertulias de café, pero más democrática y seguramente más popular. Los datos me los proporciona Óscar Carreño, director de programas y cooperación de las Bibliotecas de Barcelona, quien añade: "Otra experiencia que está muy bien es el club internacional BCN-Medellín, un encuentro mensual entre un grupo de lectores de cada ciudad en el que comentamos libros, alternando autores de ambas orillas, lo montamos en el CCCB, a través de la Anilla Cultural y es una experiencia fascinante".

La tertulia on line en tiempos de videoconferencias y talleres virtuales. No hay duda de que para miles de escritores y lectores, Facebook es la Gran Tertulia de nuestra época. Para "ser verdaderamente contemporáneo", escribió Gómez de la Serna, tenían que "vivir en el café". Uno de los modos de serlo ahora es comentar la cultura en los blogs y en las redes sociales, donde espontáneamente se configuran comunidades con un núcleo de habituales y una periferia de ocasionales, que no tienen por qué vivir en la misma ciudad para mantener conversaciones. Y además pueden hacerlo a diario. Qué digo: hora a hora. Minuto a minuto.

La tertulia como contraseña

La deslocalización de la tertulia, no obstante, también puede dar como resultado encuentros en carne y hueso. Es el caso de la Orden de Finnegans, cuyos miembros (Vila-Matas, Eduardo Lago, Jordi Soler, José Antonio Garriga Vela, Malcolm Otero Barral y Marcos Giralt Torrente), con mayoría barcelonesa pero dispersos por varios puntos geográficos, se citan anualmente en Dublín para celebrar el Bloomsday. En La ciutat interrompuda, Julià Guillamon interpreta Historia abreviada de la literatura portátil, de Vila-Matas, como la traslación a la época de las vanguardias y a sus protagonistas de escenas y anécdotas vividas por el autor en locales emblemáticos como Bocaccio. Pocos escritores barceloneses han sido tan constantes como Vila-Matas en la asistencia a conversaciones de café. Desde octubre del año pasado, acude semanalmente al bar Sandor, para reunirse con Juan Marsé, Valentí Puig, Joan de Sagarra, Javier Coma y John William Wilkinson. "Es una tertulia muy cerrada -me comenta-, hablamos de política, cine y literatura, por este orden, con mucho humor, y en literatura no se discute a Dickens, pero tampoco a Kafka, que a fin de cuentas leía a Dickens, pero los demás escritores no son invulnerables, ninguno se salva de alguna pulla".

Otro rasgo propio de las tertulias literarias es su indefinición. Casi nunca son exclusivamente literarias. ¿Encuentro de amigos? ¿Reunión de cómplices? ¿Grupos de estudio? ¿Conversaciones sin más? Según Pablo Raphael, "el Cheers fue una tertulia que caminó de la formalidad hacia la informalidad, de los invitados más o menos formales, como Juan Villoro, a los jueves de fútbol". Nació con la organización del Festival Fet a Mèxic y se instauró en medio de la semana de sus habituales como una isla. Forman o formaron parte de ella, con las idas y venidas propias de las raíces mexicanas, entre otros, Roberto Frías, Emiliano Monge, Fernanda Álvarez, Edson Lechuga, David Colmenares y Paz Balmaceda. Frías recuerda que "el concepto mismo de la tertulia parece algo que los mexicanos no terminábamos de experimentar sin haberlo ensayado en España misma, quiero decir, habiendo crecido en México con el referente, gracias a nuestras familias, las familias de otros amigos, o la cultura mexicana misma de la segunda mitad del siglo XX, donde la tertulia instaurada por los exiliados españoles marcó con fuerza el renacimiento de esa actividad". Ese microcosmos aparece retratado en el cuento La verdadera historia de la muerte de Francisco Franco, de Max Aub. Son legión los escritores mexicanos que crecieron con la imagen de aquellos exiliados, muchos de ellos maestros, reuniéndose en los cafés para hablar de los libros que se oponían a la dictadura.

En verdad la tertulia del Cheers -cuyo nombre es un homenaje a la teleserie- se reúne en un bar llamado Mr. Brown. Las tertulias son máscaras. Y contraseñas. La fábrica del lenguaje S.A., de Raphael, está dedicado al Cheers. Y la dedicatoria del libro de artículos póstumo de Juan José Saer, Trabajos, reza: "Al clan Putget". También en varias tesis doctorales se encuentran esas mismas palabras. "A finales del 2005, después de la publicación de mi libro El lago de los botes, el primero que publicaba en Barcelona -me cuenta Edgardo Dobry-, tuve la sensación de que algo pasaba, y de algún modo quise prolongar ese entusiasmo y generar un espacio de encuentro donde gente con afinidad intelectual y personal pudiera encontrarse". El espacio fue doméstico, entre amigos y vecinos. La consigna, que alguien enviara por e-mail proyectos en marcha para que se hubieran leído el día de la reunión. El núcleo fue argentino y estuvo compuesto por Nora Catelli, su marido, el psicoanalista Jorge Belinsky, y el propio Dobry. Pasaron por las tertulias, entre otros, Marietta Gargatagli, Alberto Caturla, Ana Basualdo o Lluís Maria Todó. "Lo interesante del grupo era su transversalidad a todo: edades muy distintas, nacionalidades diversas, disciplinas también distintas, duró, creo, un par de años, porque no quisimos institucionalizarlo".

Antoni Martí Monterde, en Poética del Café, habla de tres estructuras posibles del café como institución, desde los años sesenta hasta ahora: formas epilogales, en las que se impone la melancolía por encima de la nostalgia, que continúan con ciertos hábitos modernos que supuestamente la posmodernidad habría descartado, como sería el encuentro físico; formas epigonales, estas sí nostálgicas, representadas por los simulacros de cafés y por las franquicias temáticas; y formas atópicas, cuyo máximo representante sería el Claudio Magris de Microcosmos, donde se demuestra un compromiso ético con las obras que surgieron de las mesas de ciertos cafés de Trieste, cuyo legado tiene que ser defendido. Después, escribe: "La búsqueda de locales donde, sencillamente, a pesar de las estructuras actuales, sea concebible la lectura y la escritura, pasa a ser así algo más que un gesto. Esa conciencia es, radicalmente, conciencia de presente".

Sigo en el Bar Leonés. He perdido la cuenta de las rondas y de las veces que ha sido mencionada Tere. Bellmunt nos ha mostrado imágenes de su documental en el i-Phone. Pérez Andújar ha hablado sobre su último libro, Paseos con mi madre. Me pregunto si volverá a casa caminando o en autobús. La primera novela policial de Gallardo fue La muerte elige. Nos cuenta que está en racha con las quinielas, que lleva varias semanas ganando, que si acumula suficiente dinero quiere publicar otro librito en Morsa y financiarlo él en esta ocasión. El recuerdo de su difunta esposa envuelve la tertulia como papel plástico de burbujas, como si estos encuentros fueran equipaje frágil que viaja amenazado, a trancas y barrancas, hacia el futuro. Esos hombres, junto al congelador de los helados, son puro presente. No se me ocurre en este momento nada más contemporáneo.
JORGE CARRIÓN.
CULTURA. LA VANGUARDIA, O2/05/2012.

domingo, 29 de abril de 2012

RAMOS ROSA COMO SI HUBIERA ESTADO EN 4 DÍAS ENTRE PÁJAROS Y ÁRBOLES.


POEMA DE ANTÓNIO RAMOS ROSA.


El constructor está reunido con algunos amigos alrededor de una redonda mesa de piedra,  en la terraza. Uno de ellos abanica un viejo fogón de barro donde va poniendo a asar sardinas plateadas y un poco gruesas que luego se vuelven rubias sobre la parrilla de la cual se elevan pequeñas y centelleantes llamas que proceden del carbón. El ambiente es en extremo agradable porque desde allí se ve la larga franja azul de un río entre pinos y eucaliptos y porque el aire es suave  y el follaje oscila levemente y da una sombra fresca y tranquila. Este instante del encuentro es un privilegio único. En él reina la alegría y la palabra es fácil, transparente y llena de energía que difunden los árboles verdeantes de amplias copas, la tierra de un jardín  un poco salvaje, los fermentos vivos de la brisa, el espacio solar y la pureza ácida de los frutos y las semillas. El instante es vivido en la plenitud de los elementos que, imperceptiblemente, se combinan y constituyen la integridad viva de la presencia del ser. La conciencia no se percata de la intrincada y olorosa trama sutil de todo lo que la estimula y la proyecta en el círculo vivo del instante siempre inicial. Poco se habla de la construcción, la leve e incandescente construcción, pero esta animada y vivificante pausa es ahora una construcción de la amistad en la apertura del encuentro y la participación recíproca en la esfera del ser. La separación individual deja de regir el comportamiento de los que participan en el encuentro y la palabra opera la metamorfosis del yo que, de este modo se convierte en el centro abierto de los impulsos afectivos y eufóricos reflejados en el círculo luminoso y ardiente del encuentro. Por esta razón el constructor siente que la obra está en movimiento en la palabra viva de los que están sentados entorno a la mesa redonda de piedra bebiendo un poco de vino y comiendo las doradas sardinas que uno de ellos va pasando desde la parrilla situada sobre las brasas de las que se elevan pequeñas llamas centelleantes, en el viejo fogón de barro, que ese amigo aviva con un pequeño ventalle de pajas entrelazadas.
(del Aprendiz secreto).Traducción de Clara Janes.

miércoles, 25 de abril de 2012

MOTIVO PARA LEER A TERESA CABRERA


No esperaba encontrarme en el trapecio de Ranhuailla con la juventud soñada, armada su femenino con la Forma estable y definitiva de toda ensoñación que es un rezo en la bahía o es un rezo en el desierto, perfil de beso en el desierto iluminado por las olas del deseo donde no hay deseo. Como no hay deseo en la poesía de Olvido García Valdés o en las novelas de Clarice Lispector.
Tampoco esperaba encontrarme con la pobreza esencial de ropa tendida en el cordel de la tarde azul anaranjada como un paisaje de Rothko.
Pobre lector el mío que amaba una sonoridad siempre a punto de perderse tras una idea suprema y universal. Y, sin embargo, pobre lector  el mío que se maravilla con La Forma Poética: pez de miel y roca, ave de pez y neblina.
Soledad pura de desierto puro que besa el pez con su pico de plata. El fin del afán de Martín Adán. Lima en sus afueras como una tentación de silencio. Allí ha construído Teresa Cabrera una poesía tan próxima al trapecio de Orión y tan dibujada por la arena de sombras que es la neblina en su significación mayor.  Me atrevería a decir, me atrevo a decir que después de Blanca Varela y Magdalena Chocano es Teresa Cabrera la llamada a ocupar su sitio en la sucesión atróz de la gran poesía hecha por mujeres en ese Perú que es Lima . La palabra seca y desmigajada ha cobrado su presa sutil: amor o madre aguardo/como cualquier peruanito/ su forma de pan en el desayuno/ u otra presencia/ aún más olorosa y divina.
Vladimir Herrera.